Mórphosis
Una carta al lector
Querido lector: Te presento “Mórphosis”.
En este libro podrás encontrar la investigación de una mariposa Morpho llamada María Alejandra Morales Cárdenas, que nació hace cuatro años.
Te invito a que te inmersas en este universo, a que recorras con atención cada capítulo, para que todo cobre sentido.
Te dedico cada palabra, cada frase, cada texto, cada poema, cada foto, cada video y cada mínimo detalle puesto con mucho amor en estas páginas.
Te regalo mi metamorfosis, los años de vida que llevo y los que me faltan.
Te otorgo el privilegio de conocer con profundidad a esta mariposa.
Te agradezco por el interés en este libro; prometo no decepcionarte…
Un libro sobre la mariposa Morpho
La declaración del vuelo
Mirar hacia adentro
Primera parte de la investigación
Segunda parte de la investigación
Voces que han guiado el vuelo · Haz click en cada profesor para leer su evaluación
Es un honor para mí escribir esta carta de evaluación y reconocimiento para una gran mujer a quien conocí el primer día de mi llegada a la universidad, siendo ella quien me recibió y me dio una bienvenida calurosa cuando yo como maestro nuevo me encontraba muy perdido. Es difícil describir con palabras lo que ha significado para mí acompañar el camino de María Alejandra porque su historia no es solo la de una estudiante de circo, sino la de un alma valiente que decidió volar.
Recuerdo su primer encuentro con la lira, en ese momento fue evidente la conexión que ella encontró, podría describir la magia y el brillo que reflejaron sus ojos como un alma que encuentra aquello que estuvo buscando toda su vida y ese sentimiento fue creciendo con cada entrenamiento, cada intento, cada caída y cada logro los cuales han construido los cimientos para la gran artista que es hoy. Ella no solo es una artista de gran nivel técnico, es una persona sensible, generosa y auténtica, con un corazón muy bello que siempre está a disposición ofreciendo su apoyo y conocimiento para el servicio de los demás.
Si tuviera que describir su proceso, lo haría a través de la metáfora de una mariposa. Inició como una aprendiz curiosa, en constante transformación, enfrentando retos con paciencia y fortaleza, pero no todo ha sido fácil, también han existido momentos difíciles tanto personales como profesionales; momentos de duda, de esfuerzo profundo, de llanto, de reflexión pero sobre todo, de reconstruirse desde adentro para así poco a poco ir reconociendo su fuerza, su belleza y su capacidad de volar hasta hoy que a punto de graduarse despliega sus alas con libertad y belleza, elevándose con gracia en cada movimiento, recordándonos que el verdadero arte nace de la perseverancia y del coraje de reinventarse.
Tengo muy presente el día que me dijo que elegiría el circo como su camino de vida y como profesión, ese día y aunque no lo mostré, de mis ojos salieron lágrimas de orgullo y de felicidad; sé que no fue una decisión fácil y también sé que no es una decisión a la ligera, sino el resultado de escuchar su corazón y tener el coraje de seguirlo. En cada movimiento suyo hay verdad, hay historia, hay alma, y desde ese día ya para mí se convirtió una compañera artista de circo luchando por el mismo sueño que yo llevo en mi vida y el cual me ha dado tanto. Deseo y espero el día que estemos juntos compartiendo la escena.
Si algo puedo decir con certeza, es que su vuelo apenas comienza pero, no es cualquier vuelo, esta mariposa tiene fuerza y determinación y aunque hayan vientos fuertes y tenga miedo ella dirá en su mente "si tienes miedo hazlo con miedo, pero hazlo" y seguirá volando cada vez más alto.
Hoy aquí más que hacer una evaluación quiero decirte gracias, gracias por tu amistad, gracias por tu generosidad por creer en mí, por permitirme guiarte y ser parte de tu proceso. Gracias por retarme a crear un ensamble de circo, porque si no hubiera sido por ti no habría aceptado y, aunque no creas yo tenía miedo, miedo de fallar, de no cumplir con las expectativas puestas en mí, pero el apoyo que recibí de ti, me permitió seguir fuerte y no enfrentarme a ese reto solo.
María Ale donde quiera que vayas, llevas contigo la magia de circo que te recibió y te acogió no solo para darte alegrías, te recibió para darte retos y ponerte en momentos difíciles para que demuestres esa dulzura y esa fuerza que solo tú tienes y estoy seguro que tocarás e inspirarás muchas vidas a través del circo. Cuando estés lejos recuerda que aquí siempre estaré para escucharte y animarte, ya no como un profesor ahora como un amigo y compañero de circo.
Con admiración y cariño
Jonathan Hernández González
Maestro Cátedra · Universidad Javeriana
Cuando fui invitado a ser parte de esta Carrera de Escénicas en la Universidad Javeriana de Bogotá en 2018, tuve la oportunidad de encontrarme con una gran diversidad de estudiantes, propia de un programa multinivel y de múltiples énfasis que se distingue por una propuesta académica única dentro del horizonte de la enseñanza de estas disciplinas en Colombia y la región. Intuí entonces que, entre ellos, aparecerían algunas y algunos jóvenes con una visión más integral de lo escénico, cercana a esa necesidad profunda de no solo crear, sino también creer en el acto creativo como una experiencia totalizadora que trascienda ser únicamente ejecutantes para la escena y proyectarse como verdaderos investigadores-creadores.
En este contexto, María Alejandra Morales —Maleja— emerge con claridad como una de esas artistas. A lo largo de su proceso formativo ha sabido construir una proyección profesional coherente, definiendo con rigor sus intereses, necesidades expresivas y búsquedas creativas. Su camino no se ha limitado a la adquisición de habilidades técnicas, sino que ha estado atravesado por la construcción de una filosofía de trabajo sólida y sensible. Su proceso da cuenta de una artista en transformación permanente —Mórphosis— como ella misma lo nombra de manera muy poética y sensible: una mezcla de mariposa Morpho y Metamorfosis, comprometida con la excelencia, pero también con una búsqueda honesta, rigurosa y profundamente humana dentro de las artes escénicas.
He tenido el gusto de acompañar su proceso formativo a lo largo de varios momentos clave de su carrera. Recién llegando en el primer semestre en la clase de Elementos de la Puesta en Escena I, ella se destacó desde el inicio por su seriedad y compromiso con cada tarea asignada. A pesar de encontrarse en una etapa inicial de formación, mostró una notable capacidad de observación y análisis, así como una disposición constante para el trabajo riguroso.
Durante la Técnica básica de Ballet y Danza Moderna que ofrecí en su cuarto semestre, su crecimiento fue evidente. María Alejandra consolidó una técnica limpia y precisa, acompañada de una evidente sensibilidad artística en expansión. Su carácter perfeccionista se tradujo en un trabajo detallado y exigente consigo misma, siempre buscando ir más allá de lo esperado, atendiendo cada retroalimentación con respeto por su proceso. En el Laboratorio de composición coreográfica, comenzó a revelar una voz propia, con intuiciones creativas claras y una capacidad interesante para estructurar material de movimiento con dramaturgias ligadas a sus intereses creativos y una estética personal sólida.
En el Ensamble de Danza Contemporánea "Otra cosa es otra cosa", una pieza inspirada en la obra de María Teresa Hincapié, demostró una mayor madurez escénica. Su presencia en escena se volvió más contundente, y su capacidad de trabajo en equipo fue especialmente valiosa para el desarrollo colectivo. Maleja es una intérprete confiable, comprometida con los procesos grupales, respetuosa de sus compañeros y consciente de la importancia del engranaje colectivo en la creación escénica.
Finalmente, en el Ensamble intensivo de Danza y Circo "La Madriguera", ella alcanzó un nivel de integración muy sólido entre técnica, expresividad y riesgo. Su trabajo como bailarina y artista aérea en la lira evidencia una disciplina rigurosa y una gran conciencia corporal. En este punto, su identidad artística —que ella misma nombra metafóricamente Mórphosis— se manifiesta con fuerza: es una intérprete en constante transformación como una mariposa, frágil, pero a la vez poderosamente bella y entregada.
Maleja es una artista perseverante, disciplinada y enormemente comprometida con su oficio. Su exigencia personal, bien encauzada, es una de sus mayores fortalezas. De cara a su futuro como profesional de las artes escénicas, como bailarina y como aerealista, considero que posee todas las herramientas necesarias para desarrollar una trayectoria sólida y significativa. La invito a seguir confiando en su voz propia y a abrazar lo que la hace única.
Humberto Canessa Ulloa
Ballet & Danza Contemporánea · Universidad Javeriana
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Desde los primeros momentos que estoy en la universidad conozco a Aleja, desde aquella audición que me permitiría conocerla mejor tiempo después y desde esas primeras clases que compartimos. Aunque al inicio no éramos tan cercanas, siempre hubo algo en ella que admiré y que sentí que nos haría con el tiempo más unidas: una forma muy sincera de estar, de entregarse a lo que hacía y de buscar con el corazón. Desde ese momento la veía como una artista en formación muy comprometida, con una pasión tranquila pero constante por encontrar su lugar.
Como una mariposa, su proceso no comenzó en el vuelo, sino en esas primeras etapas más silenciosas e inciertas. Haber estado ahí, tanto en lo claro como en la duda, me permitió ver la profundidad de su transformación y entender que cada paso, por pequeño que pareciera, hacía parte de algo mucho más grande. Durante el ciclo básico, que compartimos durante dos semestres, empezamos a acercarnos más. Coincidimos en clases de danza, actuación y somática, espacios donde poco a poco fuimos compartiendo más, encontrándonos desde el hacer, desde el cuerpo, desde lo que cada una estaba atravesando. Fueron clases donde la veía siempre aferrada a su deseo de crecer como artista, con una entrega muy honesta y constante. La danza, especialmente, fue un lugar que nos conectó mucho, y ahí siempre había algo en ella que yo siempre resalté: ese brillo tan particular cuando se esforzaba por llevar todo a su máxima expresión. Era una entrega que no pasaba desapercibida.
En su inicio en la carrera, la siento como ese primer estado, ese "huevo" cargado de posibilidades, pero también de expectativa y preparación. Ahí también empezó nuestra cercanía. Compartimos procesos muy importantes, como nuestro primer ensamble, La Condena, donde no solo coincidimos escénicamente, sino que empezamos a acompañarnos de verdad. Recuerdo cómo su manera de estar se hacía evidente: comprometida, constante, atenta a lo que sucedía alrededor, encaminada aún por la danza y por la creación con esta. Su rendimiento no solo era sólido, sino profundamente entregado; no se trataba solo de cumplir, sino de sostener el ensamble, de cuidar lo que estábamos construyendo entre todos. Había en ella una disposición muy honesta hacia la creación, una forma de estar que sumaba, que acompañaba, que hacía que el proceso se sintiera más firme. Compartir ese primer ensamble hizo que empezáramos a acompañarnos como verdaderas artistas, desde adentro del proceso. Fui testigo de cómo iba comprendiendo lo que implica habitar un ensamble: estar presente desde el vínculo, desde la confianza y desde ese compromiso silencioso que sostiene lo colectivo. Y al mismo tiempo, ese espacio nos permitió construir una forma de trabajar juntas, de escucharnos y de sostenernos, entendiendo que la escena también se teje en relación. Nos permitió estrechar nuestra amistad.
En la técnica de Ballet y Moderno también pude estar muy cerca de una parte importante de su proceso. Las dos llegábamos con una base en Ballet, y eso hacía que compartiéramos un mismo punto de partida, era un lenguaje que ya conocíamos. Pero cuando apareció el moderno para ambas fue algo nuevo, otra forma de moverse, de soltar y de romper con lo que el Ballet ya había marcado. Y ahí fue muy claro verla. Lo que podía sentirse como un choque, en ella se volvió un reto que asumió con mucha fluidez. Se fue adaptando muy rápido, dejando que su cuerpo aprendiera desde otro lugar, más disponible y menos rígido. Hubo en ella una capacidad muy bonita de escuchar su cuerpo, de dejar que ese nuevo lenguaje entrara sin resistencia. Además, el hecho de estar siempre ubicadas juntas en ese salón de clase hizo que ese proceso se volviera aún más especial para mí. Compartir ese espacio a su lado lo hizo más cercano, más llevadero, incluso más divertido. Son de esos momentos que terminan marcando el proceso sin que uno se dé cuenta en el instante.
Considero que la danza, durante esta etapa de Aleja, era como la hoja de la que la oruga se sostiene: constante, segura y necesaria. Pero también como pasa en toda metamorfosis, llegó un punto en el que ese mismo lugar empezó a generar dudas o incomodidades. Y ahí apareció algo muy valioso en el proceso de Aleja: un tránsito donde el Circo llegó a su vida, no como algo ajeno, sino como un espacio donde su cuerpo empezó a sentirse más libre y mucho más vivo. Un espacio donde ella empezó a verse aún más radiante que nunca.
Y es justamente en ese proceso donde empieza a verse una Aleja que empieza a aprender a volar poco a poco. Como si, dentro de esa crisálida, algo nuevo comenzara a formarse. En técnica básica de Circo fue muy evidente: la sentí más fuerte, más presente y conectada con lo que hacía. Las acrobacias y los malabares no fueron solo una exploración de clase; había un interés real y una entrega completamente distinta. También fue muy potente y valioso verla reconectar con habilidades que ya habitaban en su cuerpo desde la gimnasia, conociendo su historia previa a la universidad, pero ahora desde un lugar más consciente y decidido. Aunque no compartí con ella el laboratorio de Aéreos, en la técnica de Circo era claro que ese trabajo y los aéreos la estaban completando profundamente. Todo empezaba a alinearse en ella y se le notaba en su forma de estar. Desde mi percepción, nunca se sintió pasajero. Había una convicción creciendo en ella, algo que la sostenía y la impulsaba.
En las clases más teóricas también fue muy especial compartir con ella. En puestas en escena, en Cuerpo y nuevos medios, en Teatro Musical y en Circo siempre estuvimos cerca, acompañándonos en todo el proceso de aprendizaje. Había algo muy bonito en cómo nos apoyábamos: en las dudas, en los momentos donde algo no salía, pero también en lo que íbamos entendiendo y podíamos compartir la una con la otra. Pero más allá de lo académico, esos espacios también se volvieron muy nuestros. Siempre encontrábamos la forma de compartir algo más: conversaciones largas, risas, comida, pequeños momentos que hacían que las clases fueran mucho más que una obligación. Eran espacios donde aprendíamos, pero también donde construíamos recuerdos que se quedan. Y creo que eso también hizo que nuestro proceso fuera distinto, más cercano, más humano y más lleno de vida. Definitivamente una amistad sincera como artistas.
Al mismo tiempo, su proceso no se ha quedado solo en su vuelo personal, y eso es algo que admiro mucho de ella. He podido verla habitar otros lugares dentro de la escena, como la producción y la asistencia de dirección, y ahí aparece otra forma muy bonita de ser artista. No es solo la Aleja que vuela, sino también la que sostiene, la que cuida, la que está pendiente de todo y de todos. Su proceso como productora también ha sido algo que admiro profundamente. En Mientras Caemos, donde yo fui ejecutante, pude verla desde otro lugar, uno que no siempre es visible pero que sostiene todo lo demás. Fue una productora increíble: muy organizada, atenta a cada detalle, siempre dispuesta a ayudar y con una actitud que hacía que el proceso se sintiera más ligero, incluso en los momentos de mayor exigencia y dificultad para mi. Sabía escuchar, resolver, anticiparse, y sobre todo, estar. Y siento que fue precisamente esa forma de asumir la labor, con tanta entrega y responsabilidad, lo que hizo que naturalmente pasara a ser asistente de dirección. No fue casualidad, fue consecuencia de la manera en la que sostuvo ese proceso. Y además, fue excelente en este rol.
Al mismo tiempo, tuvimos la oportunidad de invertir los roles. Yo fui productora en uno de sus ensambles como ejecutante, 346, y ahí pude verla en su lugar de ejecutante, especialmente en los aéreos. Fue muy fuerte verla en escena, porque había una claridad y una presencia que no se pueden fingir. En la Lira ella siempre se sintió y se vio completamente en su elemento: segura, precisa y conectada. Había algo muy orgánico en su movimiento, una forma de habitar el aire que hacía que todo se viera fluido aun cuando detrás hay una exigencia enorme. Para mí fue muy significativo acompañar ese proceso desde otro lugar, verla sostener ese vuelo que tanto ha construido, y reconocer cómo ahí, en ese espacio, brilla con una fuerza muy propia. Fue uno de esos momentos donde se hace evidente que encontró algo que realmente le pertenece.
No ha sido una mariposa solitaria, y creo que ahí también está una de sus mayores fortalezas: en la manera en la que se deja acompañar, en cómo construye con otros, en su apertura y su capacidad de escucha. Nuestra cercanía, desde el inicio, se fue volviendo un lugar de apoyo mutuo muy especial. Siempre hubo un sostenernos, un estar la una para la otra, que se sentía tierno, pero al mismo tiempo muy comprometido con lo que estábamos construyendo como artistas. Crecimos juntas, aprendimos juntas, y de alguna forma nos fuimos acompañando en cada etapa de esta metamorfosis.
Ahora, en este punto final de la carrera, siento que Aleja está en pleno vuelo. No como algo terminado, sino como una mariposa que apenas empieza a recorrer el mundo con las alas que tanto tiempo le tomó construir. Y hay algo que admiro profundamente: que haya encontrado durante este proceso eso que realmente la apasiona, eso que la llena de vida. Porque no todos tenemos la fortuna de descubrirlo con tanta claridad. Sé que ese camino en el circo, en lo aéreo, y en la Lira que tanto la hace ver liberada, la va a llevar lejos, que le va a permitir viajar, seguir aprendiendo, expandirse y cumplir muchos de los sueños que ha construido desde hace años y todos aquellos que sigue anhelando.
Pendiente.
Pendiente.
El cuerpo en imagen
El cuerpo en movimiento
Registro de mis ensambles en la Carrera de Artes Escénicas

Dir. Isaac Barbosa y Juliana Atuesta

Dir. Arnulfo Pardo y Laura Castiblanco

Dir. Diana Salamank y M. A. Morales

Dir. Humberto Canessa

Dir. Jonathan Hernández

Dir. Jorge Bernal

Dir. Humberto Canessa y Leonardo Girón
Tormenta de Nieve
La Tempestad
Artes Visuales · Música · Escénicas
Las alas que me sostuvieron